Alguna vez tendrá que ser la que supere mis miedos, la que pueda mirar de frente la imagen del espejo y estar contenta con lo que esconde en el interior.
Las capas de grasa se irán quizás diluyendo como el agua entre las manos, pero las corazas forjadas con hierro ardiendo, trabajadas con el fruto de insultos, fracasos, abandonos, todas esas son las que realmente cuesta de quitar de ir tirando.
No creo que nunca consiga definitivamente verme completa en el espejo, siempre habrá algún ricón, un trozo de mi misma que querré ocultar incluso a mi misma. Las carencias en la vida de alguna manera se pagan, son un precio alto, para pagar el ego de aquellos que las inflijen. Y yo me he convertido en un reflejo de todo aquello que yo misma me he hecho, y lo que me han hecho los demás.
Nadie es culpable de las decisiones de otros, siempre puedes optar por el camino correcto o por el incorrecto, es una decisión personal. Pero de lo que estoy segura es que nunca podré recuperarme de la carencia emocional, de la baja autoestima, pondré mil caretas, remodelaré la fachada, me haré fuerte ante los demás, pero ante mi misma, ante la imagen del espejo seré una muñeca rota, sin ya remiendo posible para volver a estar completa.
Sólo ante nosotros mismos reconoceremos lo que realmente somos, y haré lo posible para negarselo a los demás.